Hipoacusia Súbita

Desperté con un oido tapado

Hace seis meses, sufrí una fuerte infección estomacal. Me automediqué con unas pastillas de venta libre en la farmacia. La infección se alivió, pero dos días después desperté con una pérdida de audición en el oído izquierdo, como si estuviera tapado con cerumen o algo más. Llamé a mi médico y le pedí que me revisara para descartar la presencia de un tapón en el oído. Sin embargo, el conducto auditivo estaba completamente limpio.

El medicamento que tomé advertía en sus indicaciones que era ototóxico, y entonces comenzaron mis dudas, seguidas de una investigación. Todo indicaba que se trataba de una hipoacusia súbita, una condición considerada una emergencia médica. Para ese momento, ya habían pasado cuatro días y la audición seguía deteriorándose. Las voces sonaban distorsionadas, no lograba distinguir de dónde provenían los sonidos y los tonos graves habían desaparecido.

La cita con el otorrinolaringólogo fue de urgencia. El especialista me indicó que la causa no podía haber sido el medicamento, sino el virus de la infección estomacal, el cual podía haber atacado el oído interno y dañado la cóclea. Así que el diagnóstico se confirmó: hipoacusia súbita. Iniciamos el tratamiento con inyecciones intramusculares de corticosteroides y programamos una revisión en una semana.
Los resultados iniciales fueron nulos, y la pérdida auditiva avanzó hasta el punto en que ya no podía escuchar ni al asistente ni al doctor. Ir a lugares concurridos, como tiendas o restaurantes, se convirtió en un martirio. Ante esta situación, el tratamiento cambió a inyecciones intratimpánicas de corticosteroides en el oído afectado, una por semana, hasta completar cinco. Con cada inyección notaba cambios en mi audición.

Con la tercera inyección, sufrí un episodio de vértigo, pero al mismo tiempo experimenté una mejora significativa: empecé a escuchar voces, aunque bajas, y podía entender lo que me decían. También volví a oír el canto de los pájaros y los ladridos de los perros, aunque los sonidos se percibían huecos. En la cuarta inyección, volví a sufrir vértigo.

Los vértigos y la pérdida auditiva provocaron una discapacidad: primero perdí la audición, luego el equilibrio, después la autonomía y, finalmente, aparecieron el miedo y la ansiedad de salir a la calle y participar en actividades sociales.
Con la quinta inyección y habiendo recuperado parte de la audición, el otorrino me indicó reposo por un mes, supongo que para dar tiempo a que el medicamento se absorbiera en el oído. Posteriormente, programamos una cita con el audiólogo.

Seis meses después

Hoy, casi seis meses después de haber sufrido hipoacusia súbita, noto que aún percibo cambios en mi oído. Parece que la audición sigue mejorando, aunque de manera imperceptible, a pesar de que hace tres meses se detectó una pequeña perforación en el oído izquierdo, lo que ralentizó la recuperación.

La inestabilidad ha desaparecido, al igual que el tinnitus pulsátil, aunque este último regresa cuando me pongo nervioso. Esto también se debe a la ansiedad de no tener los audífonos bien calibrados. Es interesante cómo el cerebro responde a estos ligeros cambios en la calibración. Aun así, siento que los sonidos regresan poco a poco y quedan grabados en mi memoria.

En este proceso, la participación del audioprotesista es clave, pues es quien nos ayuda a obtener una calibración precisa en los audífonos.

El estudio de audiología

Una vez que el otorrino logró el máximo de recuperación auditiva —pues, según él, era importante tener algo a qué aferrarse—, me derivó al audiólogo. Este especialista se encarga de medir los niveles de decibeles, las frecuencias y la capacidad del oído para entender las palabras.

Los resultados fueron los siguientes:

  • Hipoacusia leve conductiva en el oído derecho.
  • Hipoacusia severa conductiva en el oído izquierdo.
  • Recomendación: uso de audífonos en ambos oídos.

Adaptación a la nueva realidad

Se recomendó el uso de moldes con ventilación para prevenir infecciones.

Después de haber padecido hipoacusia súbita, agradezco haber tenido la oportunidad de recuperar parte de la audición. Sin embargo, debo admitir que, tras esta experiencia, nunca se vuelve a oír igual.


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